Autoras:
Arelis Fernandez
Saira Lugo

LA ACCIÓN DOCENTE Y EL CONOCIMIENTO REFLEXIVO EN EL CONTEXTO ESCOLAR

Para hablar de la Acción docente, es inevitable hacer referencia a una compleja red de acciones modeladas por la gestión de agentes educativos que cumplen diversos roles, dependiendo de las funciones que le sean propias; esfuerzo humano intencional y ordenado donde interactúan sujetos bajo condiciones particulares y con interés personal, colectivo u organizacional.

Al respecto, Padrón (1993: 12), considera que toda acción puede definirse como “una estructura relacionada en el que se conectan determinados componentes según diferentes niveles y bajo condiciones particulares”.

Para llegar a la acción es necesaria la práctica de principios en cada uno de los estados particulares de la acción, en términos de racionalizar los procesos, la socialización y las trasformaciones que, de alguna forma pueden definir una personalidad o postura determinada en dicha acción. Estos principios son: continuidad, diversidad, globalización, sistematización y transversalidad, como base fundamental para consolidar  la intención de la acción docente, que en este estudio se orienta hacia la construcción del conocimiento en los estudiantes.

 En esta perspectiva, es imprescindible referirse a docentes y alumnos como agentes de primer orden en la construcción del conocimiento, es decir, sujetos coadyuvantes en la construcción de aprendizajes significativos. Los cuadrantes que asignan a la acción docente un mayor alcance y consistencia filosófica, teórica y procedimental, se configuran en las posturas epistémicos de la acción docente, a saber: racional, de procesos, socializadora y transformacional.

En el contexto de la racionalidad, el docente define los contenidos a exponer, fija los objetivos, resuelve los problemas, selecciona las alternativas, designa los roles o tareas y lógicamente genera las normas de trabajo. Con respecto a la postura de procesos, la acción docente sistematiza las acciones a partir de una intención, buscando el equilibrio entre las dimensiones del saber estudiantil, es decir, trabajar con rigurosidad en los procesos de transmisión e información (conocer) y la aplicación de procedimientos, empleo de herramientas, técnicas, métodos tendentes a perfeccionar el hacer, pero en un contexto de trabajo individual.

En el campo de la postura de socializada, la acción docente se manifiesta como la capacidad del docente para establecer un acercamiento sinérgico con los estudiantes con base en el compromiso, la unión y la moral, en función de viabilizar los procesos de construcción y socialización del conocimiento. El docente en este caso, fomenta el esfuerzo colectivo, logra la unión y el trabajo en equipo y se ocupa de gestionar los conflictos interpersonales. De igual manera, desarrolla la competencia mediadora en el proceso de aprendizaje; manifiesta un don especial para lograr la integración y la participación de los estudiantes, en igualdad de condiciones.
Con base en la integración de los criterios de racionalidad, de procesos y de socialización, es posible concebir la acción docente como transformadora de su práctica y comprometida con las demandas socio-educativas en procura del desarrollo individual, organizacional y colectivo. Se destaca, en esta postura transformacional, la capacidad del docente para introducir innovación y cambios en el proceso educativo, al actuar con apertura mental ante nuevas ideas o enfoques teóricos, así como identificar las tendencias más importantes en la conceptualización de los cambios requeridos.

En efecto, la postura epistémica más adecuada tiene que marcar la integración de las cuatro posturas básicas (transformacional), ante la complejidad que representa el proceso de construcción de conocimientos y la responsabilidad de armonizar el conocimiento integral.

Ahora bien, el conocimiento reflexivo se adquiere a través del intelecto, que conlleva el poder del análisis comparativo y armónico, es medido y pensante, es aquel conocimiento que introduce preguntas a las inquietudes resolviendo teóricamente y llegando a la esencia de las cosas. Por lo tanto, un docente reflexivo se caracteriza por que reconoce la necesidad de comprender y transformar las ideas, las actitudes y las valoraciones de su proyección profesional en su cotidianidad, pero especialmente cuando se enfrenta a situaciones problemáticas en el contexto escolar, especialmente en el aula. Un docente reflexivo es aquel que utiliza su conocimiento científico y su capacidad intelectual, para confrontar situaciones inciertas, elaboran y modifican rutinas, experimentan hipótesis de trabajo, utilizan técnicas, instrumentos y materiales conocidos y recrean estrategias e inventan procedimientos, tareas y recursos. Al respecto Schón manifiesta:

“el conocimiento en la acción y la reflexión forman parte de las experiencias del pensar y del hacer que todos compartimos; cuando aprendemos el arte de una práctica profesional, no importa cuan alejado de la vida ordinaria puede parecernos en un principio, aprendemos nuevas formas de utilizar tipo de competencias que ya poseemos.” (1992:41).

Partiendo de este contexto, se puede considerar que para crear o mantener una práctica reflexiva en la vida escolares una tarea que implica una serie de factores que deberán de ponerse en marcha a fin que en conjunto lograr llegar a ser mas efectivos. Es importante aprender a mantener las relaciones interpersonales con los compañeros de trabajo a fin de laborar en conjunto, es decir en colaboración para mantener un intercambio de experiencias, de instrumentos, técnicas, estrategias, entre otras.

Asímismo,  se debe de conformar un equipo de trabajo, con un líder que a su vez conjugue a los diferentes agentes educativos (alumnos, maestros, maestros, padres, administrativo, directivo) para la consecución de las diferentes metas. Este equipo de trabajo será uno que aporte, que impacte, que lleve a cabo una actualización permanente a fin deque sea innovador, pero que mantenga una visión común del entorno.

Finalmente, toda práctica educativa que intente ser reflexiva deben contar con miembros que deseen superarse y que se mantengan en la sociedad del conocimiento de forma comprometida en proyectos de cambio y que establezcan una correcta y armoniosa comunicación. Se debe dedicar tiempo necesario para ser reflexivo, es necesaria una autoevaluación para plantear metas y para corregir caminos a fin de lograr éxitos en las prácticas asumidas.